"No es de una indocilidad demasiado grande de los individuos de donde vendrán los peligros del porvenir humano. Al contrario, el creciente desarrollo, en este siglo, de los medios para actuar sobre el psiquismo , una manipulación concertada de las imágenes y de las pasiones, de las que ya se ha hecho uso con éxito contra nuestro juicio, nuestra firmeza y nuestra unidad moral, darán lugar a nuevos abusos de poder." 

Jacques Lacan. La Psiquiatria inglesa y la guerra (1946) 

 

TDAH: ¿movidos o enfermos?

La Vanguardia. 13/7/18. Dia Mundial de Sensibilizacion sobre el TDAH
 

La agitación y el movimiento son propios de la infancia y no tienen, en ellos mismos, nada de patológico. Responden a la necesidad del niño y de la niña de resolver algunas dudas e inquietudes normales de cualquier desarrollo. Preguntas del tipo ¿qué lugar tengo yo en ésta familia? ¿Qué soy, como hijo, en el deseo de mis padres? ¿Perderé su amor si les fallo o me confronto a ellos? ¿Por qué prefieren a mi hermano/a?

Leer artículo completo


Todos somos ‘TDAH’


Diari de l'Educació. 13/7/18.  Diari de la Sanitat. 13/7/18

Llegir versió en català publicada originalment al Diari de l'educació i al Diari de la Sanitat
 
Si somos capaces de pensar que la movilidad en la educación no es un problema, sino una oportunidad, nuestra percepción de las conductas TDAH como perturbadoras de un sistema y de un aula, propia del siglo XIX, cambiará.
 
 
El Día Mundial de Sensibilización sobre el TDAH, que se celebra hoy, fue propuesto en 2012 por el profesor Russel Barkley a la OMS. Barkley es una de las autoridades mundiales en la materia y autor de numerosos trabajos al respecto. Es también uno de los impulsores del TDAH en adultos, consciente de que al menos un 50% de los niños y adolescentes diagnosticados de TDAH lo seguirán siendo en la vida adulta, a pesar de la medicación y los tratamientos que reciban de niños.
 
Otro eminente psicólogo y profesor emérito de la Universidad de Duke, Keith Conners, señaló en una entrevista para el New York Times, que el número de niños diagnosticados con TDAH se había elevado a 3,5 millones (600.000 detectados en 1990). Él mismo calificó estas cifras de "un desastre nacional de proporciones peligrosas” y añadió diversas consideraciones en su blog. El trastorno es ahora, en los EEUU, el segundo diagnóstico más frecuente a largo plazo realizado en niños, muy cerca ya del asma. En España, los casos de Trastornos por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) se han multiplicado por 30 en los últimos años, sobre todo en niños de 8 a 12 años.
 
¿Cómo interpretar estas cifras? ¿Estamos sobrediagnosticando y, por ende, sobremedicando? ¿El problema ya existía y ahora somos más sensibles, tal como promueve este día mundial de sensibilización?

Tanto Barkley como Conners, y otros muchos, dirían que efectivamente el problema ya existía y ahora sabemos bien sus causas y su tratamiento. Se trata, aseguran, de un problema del neurodesarrollo. Algo anda mal en el cerebro del niño/a y tenemos evidencias científicas de su origen.

 
Pero la realidad es que todas las revisiones recientes, incluidas las favorables a la perspectiva genética (Cortese, 2012, Thapary Cooper, 2016, entre otras) coinciden en dos cosas: la inexistencia de evidencia genética real molecular y su convencimiento (o sea, anhelo sin hechos probados) de que en un futuro habrá hallazgos claros de esta herencia genética. Los datos estadísticos -que no genéticos- que tenemos (Gallo y Posner, 2016) lo único que prueban es que de las cuatro maneras de herencia, genética, epigenética, conductual y cultural (Jablonka y Lamb, 2005), la genética probablemente sea la menos esperable en transmitir rasgos conductuales tipo-TDAH. En todo caso se puede hablar de familias tipo TDAH donde hay conductas y patrones que se asemejan y terminan nombrándose y etiquetándose como TDAH sin que haya causa genética probada.
 
Es cierto que cada vez disponemos de medidas más sensibles del funcionamiento del cerebro (técnicas mejoradas de neuroimágenes) y por eso más fácilmente se encuentran correlatos neuronales de las actividades seleccionadas. Es decir, podemos fotografiar un cerebro y ver su actividad, y si comparamos dos niños diagnosticados con TDAH observaremos que se producen efectos similares pero esto no explica nada en términos de causalidad. Correlato, en ciencia, no quiere decir causalidad. Es aquello que hacemos (movimientos, sensaciones) lo que provoca esas imágenes que captamos, y no al revés.
No es descartable que en el futuro se obtenga una perspectiva neurobiológica o genética clara del TDAH, pero a fecha de hoy esa posibilidad parece muy remota, en el caso de que fuera posible establecerla. Hay que recordar al respecto que ni siquiera para algo tan prevalente como la depresión mayor disponemos de una explicación neurobiológica mínimamente satisfactoria.
Por otra parte, y como reconoce la propia “Guía de Práctica Clínica sobre el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) en Niños y Adolescentes” (GPC-TDAH), del Ministerio de Sanidad, los desacuerdos actuales sobre el diagnóstico y tratamiento del TDAH son numerosos: “No hay acuerdo en nuestro medio acerca de qué instrumentos hay que utilizar para la evaluación de niños con posible TDAH; también existe controversia sobre los criterios que se deben emplear para su diagnóstico.”
En resumen, a día de hoy no tenemos evidencias científicas de que eso que llamamos TDAH sea algo rigurosamente establecido desde el punto de vista científico.
Dicho esto, hay que decir que el TDAH haberlo, haylo. Como mínimo existe como etiqueta y como falso nombre para designar un malestar real que presentan muchos niños y niñas, adolescentes y, cada vez más, adultos. Falso nombre quiere decir que les procura una identidad, un nombre que puede ayudarles a limitar eso pulsional, un cuerpo que no para de moverse. Sin duda dice algo de lo que les pasa. Pero es falso porque el ser humano es más complejo y sobre todo porque fijarlo a ese “nombre” lo des-responsabiliza, en el sentido de ahorrarle (¡No soy yo, es mi cerebro!) responder de sus actos, y le impide además inventar alguna fórmula más exitosa para tratar su agitación.
 
Esa inquietud puede tener muchas causas, algunas graves y con consecuencias importantes para la vida de esa persona. Son esos los casos en los que debemos centrarnos desde el punto de vista clínico. Pero en muchos otros casos, lo que los maestros y padres pueden observar son algunas conductas que les resultan preocupantes (impulsividad, hiperactividad, desatención) y en ese caso hay que valorar si son un problema sólo para ellos (porque tienen un bajo umbral de tolerancia) o si implican realmente un problema para su alumno/hijo (fracaso escolar, conductas de riesgo,..) y por eso también se repiten en la familia y en otros ambientes.
 
Nuestra hipótesis para abordar estas situaciones, desarrollada en el libro “Niñ@s hiper. Infancias hiperactivas, hiperconectadas e hipersexualizadas” (Ubieto y Pérez Álvarez, 2018), es que “primero, la educación” Como se trata de un fenómeno que básicamente lo observamos en la escuela, en la mayoría de casos, la respuesta deberá pasar primero por ver qué estrategias educativas se pueden implementar en cada caso y en conexión con la familia y la escuela.
 
Analizar el contexto escolar específico de ese niño/a teniendo en cuenta las condiciones de trabajo, la atención, para de esta manera ver qué se puede modificar de todo esto. Porque una de las cosas que vamos observando es que todos los procesos exitosos de innovación educativa incluyen una cierta movilidad del alumno en el proceso de aprendizaje, es decir, que no se constriñen al aula de forma rígida, sino que implican trabajo por proyectos, desplazamientos organizados en torno a una tarea.
 
Yo lo he constatado a pequeña escala, pero cuando haya más datos observaremos que la prevalencia del TDAH disminuye simplemente modificando las estrategias educativas. Implica un tipo de interacción y de aprendizaje distinto. Si somos capaces de pensar que la movilidad en la educación no es un problema, sino una oportunidad, nuestra percepción de las conductas TDAH como perturbadoras de un sistema y de un aula, propia del siglo XIX, cambiará.
 
A partir de ahí, una vez que lo educativo está en juego, se pueden encontrar fórmulas de colaboración, prácticas colaborativas que también pueden incluir al psicólogo si es que hay algo que desborda al marco de la escuela. Sobre todo cuando esas conductas también se pueden presentar en la familia y en otros lugares. Y si es necesaria, finalmente también la medicación. Pero tomar el eje de lo educativo como central, y después ir viendo qué otros elementos alrededor de lo educativo se pueden situar, permitiría des-psiquiatrizar un poco el TDAH, porque hoy se ha producido el fenómeno inverso: la psiquiatrización de la escuela.
 
José R. Ubieto. Psicoleg clinic i psicoanalista. Profesor de la UOC. Miembro de la Asociacion Mundial de Psicoanalisis. Autor de “TDAH. Hablar con el cuerpo” (EdiUOC, 2014) i co-autor de Bullying. Una falsa salida para los adolescentes (Ned, 2016) i Niñ@s Hiper. Infancias hiperactivadas, hiperconectadas e hpersexualizadas. (Ned, 2018).
 

Los niños muy pequeños, los enfermos y los ancianos son los miembros más vulnerables de la sociedad, por lo que es lógico que se les trate con más consideración y respeto que aquellos capaces de expresar sus necesidades o defenderse por sí mismos.  En cambio, los bebés a menudo son tratados bruscamente, manipulando su cuerpo sin siquiera una palabra de advertencia y hablando sobre ellos como si fueran cosas en vez de personas.

La primera vez que presencié a alguien hablando respetuosamente a un bebé, como a cualquier otra persona “real”, pensé que era realmente extraño. Sin embargo, me acostumbré y ahora espero que algún día sea lo normal.

La nota a continuación me alentó mucho. Es de una enfermera que trabaja en cuidados intensivos neonatales y ha comenzado a implementar la filosofía de Magda Gerber en la sala de neonatologia y se está maravillando por los resultados de sus esfuerzos.  Esta filosofía consiste en algo tan sencillo como:

1. Hablar a los bebés, especialmente para prepararlos para las cosas que se les va a hacer o les sucederá.

2. Brindar atención completa a los bebés durante las actividades de cuidado (alimentación, cambio de pañales, etc.)  (o intervenciones, si están ingresados, como es el caso).

3. Ser un “seguidor” del juego, permitiendo que los bebés inicien actividades e interacciones.

Aquí la nota de esta lectora enfermera:

Hola Janet, Encontré tu sitio hace varios meses. Si bien aún no soy madre, mi pareja y yo queremos ser padres. Lo que Magda Gerber dijo (y lo que repites e ilustras a través de ejemplos de la vida real) resuena profundamente en mí, y ya hemos aplicado los principios de RIE entre nosotros, para practicar, y porque yo misma tengo dificultades para expresarme…

También soy enfermera de una unidad de Cuidados Intensivos Neonatales (UCIN) en el hospital de la provincia en la que vivo. Cuidamos a los bebés más pequeños y enfermos de toda la provincia. Mi trabajo es increíblemente gratificante, triste, desafiante y, a menudo lleno de alegría (y lágrimas, frustración, etc.). Empecé a reflexionar sobre cómo aplicar RIE a mi trabajo, y si sería exitoso, teniendo en cuenta la cantidad de cambios de turno que tenemos entre las enfermeras que cuidamos a los bebés.

¡¡Resultó que realmente funciona bastante bien!!. Sus publicaciones recientes sobre cómo comunicarse con un niño que ABSOLUTAMENTE NO QUIERE ALGO fueron increíblemente útiles, teniendo en cuenta que los bebés prematuros sufren muchas intervenciones que generan incomodidad y dolor.

Hay algunos principios de RIE que he modificado para ajustarlas a nuestra realidad en la UCIN. Por ejemplo, los bebés en UCIN tienen pocas oportunidades de expresar sus necesidad de alimentos. Se les proporciona una cantidad regulada de nutrición para satisfacer los requerimientos calóricos para que puedan crecer, sanar e irse a casa.  Los cambio de pañal, las tomas de temperatura y pruebas médicas se realizan en torno a estos horarios de alimentación, que a menudo interrumpen el horario de sueño del bebé. Esta es una parte difícil, porque los más prematuros no se despiertan en respuesta al hambre de todos modos!

También ha habido investigaciones que demuestran que hablar con prematuros activa la parte de su cerebro que procesa el sonido y desarrolla el lenguaje, y que la adquisición retrasada del lenguaje en esta población es un problema mayor de lo que inicialmente se pensaba. Ahora hablo con los bebés siempre que realizado algún procedimientos: alimentación, cambio de pañales, toma de temperatura o peso, movimiento … Cuido a bebés muy pequeños, es agotador, pero incluso desde el comienzo noté una diferencia.

El mayor cambio que he notado es que estoy más tranquila, especialmente cuando me enfrento a la situación de un bebé que llora inconsolable a las 3 de la mañana, que ha estado inquieto durante todo el día y está claramente exhausto e incómodo. Si bien no es perfecto y tengo mis momentos de agotamiento, es un buen cambio.

Estoy más presente mientras hago cualquier acción de cuidado y animo a los padres con los que trabajo a ESTAR PRESENTEScuando están con sus bebés, les alimentan o les cambian.

En una ocasión estaba visitando a una bebé que había estado en neonatología y ahora estaba en la planta de pediatría. Ya tenía unos meses. Me horroricé al descubrir que el personal de pediatría (enfermeras, doctores, etc.) en realidad no hablan con los bebés, solo con los padres, ¡¡y luego se preguntaban por qué los bebés gritan desesperados durante las intervenciones!! Conversé con el bebé, le dije que solo estaba allí para verla, seguí su juego con los vasos, y ella me dejó entrar en su burbuja personal e incluso se acurrucó para darme un abrazo rápido (su madre estaba boquiabierta, ya que estaba más interesada en ser independiente que en abrazarse). Ese incidente consolidó a RIE como el camino a seguir en mi práctica profesional. Gracias por poner todo por ahí. Realmente lo aprecio, especialmente al aplicar los principios de Magda a un entorno donde los bebés no tienen control sobre absolutamente nada en sus vidas.Si bien es posible que no puedan elegir entre sus horarios de alimentación, dónde están, etc., ¡hago lo que puedo para hacer pequeños cambios! Sinceramente, Enfermera Elizabeth, ¡muchas gracias por todo lo que haces!

 

Traducido y adaptado del artículo

Healing babies with Respect – 3 small changes that foster confidence and trust

Fuente: https://saludmentalperinatal.es/tratar-los-bebes-respeto-tres-pequenos-cambios-que-les-ayudan-confiar-prosperar/

 

 

Por Estanislao Giménez Corte |  Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

A sus 38 años, Luciano Lutereau acumula una carrera académica y una trayectoria como autor muy importantes. Es psicoanalista, doctor en Psicología y doctor en Filosofía por la UBA (donde trabaja como investigador y docente); especialista en Psicología Clínica (UBA) y magíster en Psicoanálisis (UBA). Se desempeña como coordinador de la Licenciatura en Filosofía de Uces y director de la revista de Filosofía y Psicoanálisis Verba Volant. Ha escrito diversos libros, algunos en co-autoría. Los últimos son: “No hay relación sexual. Amor, deseo y goce en psicoanálisis” (2015), “Ya no hay hombres. Ensayos sobre la destitución masculina” (2016) y “Edipo y violencia. Por qué los hombres odian a las mujeres” (2017). El Litoral conversó con Luciano a propósito de la salida de su último volumen “Más crianza, menos terapia. Ser padres en el siglo XXI” (Paidós, 2018).

 

—“Más crianza, menos terapia” ¿es un título que casi puede observarse como paradójico viniendo de un psicoanalista? Más allá de que referencia el título del famoso “Más Platón menos Prozac” ¿puede decirse que el libro cuestiona el lugar asumido de la terapia o la consulta en relación con la infancia o bien, que plantea otros modos de abordar la problemática?

 

—Sin duda, es parte de una autocrítica también. Creo que los terapeutas muchas veces hemos tomado en tratamiento a niños, sin haber agotado otras opciones antes. En mi práctica pude comprobar que muchos de los padecimientos actuales de los niños pueden elaborarse a través de entrevistas de orientación a padres, ya que no se trata de que los niños padezcan síntomas en sentido estricto, sino de cuestiones de crianza en el mundo que le toca a la familia actual.

 

—En tus textos (los de este libro y los que publicás en el diario) proponés un abordaje que constantemente se sale de la cita académica y que refiere a los productos de la industria cultural (literatura, cine, música, dichos populares, etc), ¿es un modo de conectar tus teorías con lo que sucede en la experiencia cotidiana? ¿es una forma de enriquecer el texto? ¿es una característica de tu formación?

 

—A veces, una canción nos puede explicar mucho mejor un concepto que una compleja cita académica. Mi idea, cuando intento divulgar el psicoanálisis (es decir, llevarlo más allá del intercambio entre colegas, sin que pierda su rigor) es mostrarle a los demás que eso que intento transmitir, de alguna manera, ya lo saben. Lo han escuchado en la radio, los emocionó cuando vieron una película. Desde mi punto de vista, el psicoanálisis no es una teoría, sino un modo de experiencia que se comprueba en la vida cotidiana.

 

—Hay, además, una profusa referencia a tus propias experiencias como padre y a los casos que llegan a tu consulta, ¿reflexionaste en torno del modo de combinar esa experiencia con la formación teórica como un valor agregado de tu trabajo?

 

—En un artículo para El Litoral, una vez, escribí algo que sólo después pude pensar mejor: mi hijo Joaquín es uno de mis principales maestros en psicoanálisis. No soy la excepción, lo mismo le pasó a Freud con su nieto, a Klein con sus hijos, a Lacan con su nieta, en fin, para mí fue importante en la escritura de este libro no hablar como especialista que dice lo que hay que hacer, ofrece recetas, baja línea, sino exponer cómo muchos de los conflictos de que hablo, los viví como padre ¡y la teoría no me sirvió para nada! Al contrario, tuve que aprender a saber menos, tuve que aprender a aprender de mi hijo.

 

—¿Podemos decir que en el libro cada tema planteado se inicia con una experiencia (casi en el plano de lo confesional), luego pasa por la teoría, y a posteriori se ilustra con autores propios de la disciplina?

 

—No fue algo deliberado, pero ésta fue la estructura que tomaron los capítulos. La teoría sólo funciona como un pasaje o, mejor dicho, como una elaboración de lo que nace en la experiencia. Luego, los demás ejemplos sólo vienen para mostrar cómo a veces un conflicto puede vivirse de diferentes maneras.

 

—Sos Dr. en Psicología y Dr. en Filosofía, amén de otros títulos de grado y posgrado, ¿cómo se combinan o conjugan (o conjugaron) estas formaciones al interior de tu trabajo?

 

—De la Psicología, y del psicoanálisis en particular, tomo el interés por descubrir las motivaciones inconscientes de la conducta. De la Filosofía, como método, me quedo con la interrogación de lo evidente, creo que no hay nada menos evidente que lo evidente.

 

—¿Puede explicarse el porqué de tu interés por la infancia de un modo sencillo y sintético?

 

—La infancia es pensar mucho más que los niños. Recuperar la infancia es retornar a un tipo de experiencia que, a diferencia de la vida de los adultos, no se olvida del juego y la curiosidad. Si los adultos pudiéramos ser un poco más niños, sin ser infantiles, quizá tendríamos menos problemas con el trabajo y el amor.

 

—Hemos hablado acerca de la excelente circulación y recepción que tienen tus notas en El Litoral, siendo a menudo los textos más leídos, comentados y compartidos de las ediciones; allí trabajás cuestiones como los celos de pareja, los miedos infantiles, los niños tiranos. ¿A qué atribuís el éxito de tus escritos? ¿Qué lectura podés hacer de ello?

 

—Eso pueden decirlo mejor los lectores, pero lo que han dicho varias veces es que se sienten “escuchados”. Me encantó esta expresión, porque es lo que también hacemos los psicoanalistas en el consultorio: escuchar. Además, disfruto mucho cuando diferentes lectores me escriben para sugerirme temas, proponerme preguntas, en fin, es una gran satisfacción la de sentir que, aunque quizá nunca los vea en persona, puedo acompañarlos en la vida cotidiana.

 

—Tenés una muy activa agenda de trabajo en docencia, escritura de libros y artículos, seminarios, talleres, etc., ¿cómo organizás tu jornada, cómo es tu método de trabajo, si acaso éste existiera? ¿Cómo es la rutina de un día cualquiera?

 

—Trabajo muchas horas, es cierto, pero es una de las cosas que más disfruto. Mi agenda es a veces caótica, la verdad, pero creo que pude aprender a jugar con el trabajo en este tiempo. Soy una persona afortunada al poder trabajar de lo que me gusta, estoy agradecido de eso. Quizá otras veces me quedo corto para la vida íntima, el otro día le pregunté a mi hijo que si me acompañaría al trabajo (me refería a dar una clase en la Facultad) y me preguntó: “¿A cuál de todos?”. Confío en que con el tiempo podré encontrar un equilibrio más apropiado.

 

Fuente: http://www.ellitoral.com/index.php/id_um/171955-el-psicoanalisis-no-es-una-teoria-sino-un-modo-de-experiencia-entrevista-a-luciano-lutereau-opinion.html

Por Beatriz Janin

 

Se habla de un incremento en la cantidad de niños autistas que llevaría a pensar en una epidemia. Quiero plantear mis reservas al respecto.
Puedo relatar muchísimos casos de niños que llegan diagnosticados como TEA (Trastorno de Espectro Autista) cuando presentan dificultades en la adquisición del lenguaje y carecen de juego simbólico. Sin embargo, muchos tienen buena conexión afectiva, o la logran al poco tiempo de tratamiento y se conectan. La mayoría presentan dificultades para hablar a la edad en la que se supone que deberían hacerlo y tienen muy buena conexión con máquinas, pero no con otros humanos. Pero esto se revierte. Y cada niño tiene sus tiempos…sobre todo cuando lo ayudamos. Decir que son TEA es simplificar en un nombre un funcionamiento complejo. 
No planteo que esos niños no necesiten ayuda. Lo que afirmo es que no son autistas y que con un tratamiento en el que se los pueda ubicar como sujetos con los que podemos tener un intercambio simbólico, estos niños modifican sus conductas. 
Considero que está ocurriendo con los niños pequeños lo que ya hemos visto con el Trastorno por déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH), en que se agrupa una cantidad enorme de niños cuyos funcionamientos psíquicos son absolutamente diferentes, solamente a partir de ciertas conductas, como desatender en clase y moverse mucho.
Del mismo modo, cualquier niño que no habla a la edad esperada o que no se relaciona con los otros del modo en que los demás lo hacen es catalogado como TEA, rótulo que se ha convertido en una bolsa de gatos en la que se meten todos los niños pequeños que presentan algún tipo de dificultad, sin diferenciarlos, sin tener en cuenta la historia en que se viene inscribiendo este funcionamiento y cómo se ha estructurado el psiquismo de este niño. Insólitamente, también a niños que hablan y que aprenden con facilidad pero tienen dificultades en el contacto con otros niños, se los cataloga de TEA, considerándolos Asperger. 
Si suponemos que estamos frente a una epidemia, estamos frente a un problema gravísimo: algo desconocido está produciendo transformaciones genéticas y neurológicas en las nuevas generaciones. ¿Iremos hacia una desaparición de la especie humana tal como la conocemos? ¿O tenemos que pensar qué es lo que estamos produciendo como sociedad, quiénes son los “desconectados”, qué ocurre con el lenguaje verbal en esta época… cuáles son las carencias de relatos y de juegos, qué ocurre con los adultos y la posibilidad de estar atentos y conectados con los otros en medio de la vorágine cotidiana? 
Pero también, ¿cuáles son los métodos de evaluación que se están utilizando?
Niños que presentan dificultades en el lenguaje o en el armado lúdico son evaluados por un profesional que toma un aspecto y sin mirar ni escuchar al niño ni pensar en la complejidad de la constitución subjetiva lo etiqueta rápidamente, lo que es gravísimo y iatrogénico. Rápidamente se dice que es TEA y que hay que utilizar pictogramas para que entienda (con lo que se le priva del lenguaje verbal) y que tiene que tener muchos tratamientos (por lo que un niño que no puede establecer lazo con una persona debe hacerlo con muchas). Esto deja a los padres en una situación de indefensión absoluta. 
Si se generaliza la toma de test como el ADOS a todos los niños, como quieren algunos o se hace lo que parece ser el “último descubrimiento” que es escanear el cerebro de los niños a los tres meses de edad, para detectar autismo….el noventa por ciento de la población se va a “autistizar”. Si ya se etiquetan niños a mansalva, desde una supuesta “objetividad” (como si los vínculos humanos fueran “objetivos”, medibles), si generalizamos los protocolos y los “estudios” y hacemos una detección temprana que no sirve para pensar en los niños y comprender cuáles son sus dificultades específicas, sino para colgar carteles invalidantes, muchas familias se van a encontrar con que se les han desarmado ilusiones y quebrado proyectos. Y muchos niños a los que se supone deficitarios van a ser “adaptados” a los códigos sociales, transformados en robots obedientes. Niños a los que se les coarta el futuro, familias a las que se hace entrar en situaciones de muchísima angustia. Quiero alertar sobre el riesgo que implica tomar tests pensando que un test (como el ADOS) puede dar un diagnóstico. Este test, definido como una “evaluación estandarizada y semi-estructurada de la comunicación, la interacción social y el juego o el uso imaginativo de materiales para sujetos con sospecha de trastornos de espectro autista” y que es aparentemente una hora de juego dirigida y tabulada, al transformar en número lo que hay que pensar cualitativamente, al pretender dirigir el juego de un niño pequeño en vez de realizar una verdadera observación y un verdadero intercambio, puede hacer estragos. Se hace que un niñito de dos o tres años entre solo a un consultorio con un profesional al que ve por primera vez y se evalúan sus respuestas numéricamente. ¿Por qué un niño debería comunicarse con alguien a quien no conoce? Es evidente que si el ADOS o cualquier otro similar se generalizan nos vamos a encontrar con muchísimos TEA, que la mitad de la población infantil va a quedar con ese sello, que vamos a liquidar los avatares y la diversidad de las infancias en aras de una supuesta “prevención” que es totalmente iatrogénica. ¿Se pueden tabular y estandarizar los intercambios humanos? ¿Se puede cuantificar la riqueza de los afectos y pensamientos de un niño pequeño, de sus fantasías, deseos? ¿Se puede hablar de que no mira a los ojos sin preguntarse qué mira? ¿Se puede decir que no se comunica si no se le dio mucho tiempo para hacerlo y se creó un vínculo con él? Y lo más grave ¿Se puede en unas pocas entrevistas destruir la representación que los padres tienen de ese niño como niño devolviéndoles la imagen de un trastorno?
Beatriz Janin

 

Fuente: https://www.facebook.com/beatriz.janin/posts/2056963327848961

Alberto Ruiz de Alegría: «Los padres deben ser tajantes y decirle a su hijo que van a buscarle ayuda»

DIRECTOR TÉCNICO DE NORBERA, El psicólogo explica que quien quiere quitarse la vida lo hace «para evitar el sufrimiento», mientras que quien se hiere «persigue sentir el dolor»

 

En Norbera, alrededor de seis pacientes de los 80 con los que trabajan actualmente se han provocado autolesiones en algún momento, dice de memoria el director técnico del centro, Alberto Ruiz de Alegría, quien prefiere no hablar en exceso del famoso 'juego' de la Ballena Azul. El motivo: le preocupa que una cuestión «poco significativa» funcione como efecto llamada de otros jóvenes en una etapa en la que «las influencias afectan muchísimo».

-Se han visto imágenes de brazos de adolescentes con una ballena marcada. ¿Es diferente el perfil de quien participa en este 'juego' y el de quien se autolesiona?

-El denominador común es que en ambos casos hay un sufrimiento interior muy intenso. Pero en el caso de ese 'juego' sí que me gustaría decir que los padres deben tutelar lo que hacen sus hijos con el móvil, sin cuchichear, pero teniendo cierto control, sobre todo si existen sospechas. Permitir a un niño de 13 años plena libertad en internet es como soltarlo en medio de Madrid y dejarle que campe a sus anchas.

-La pregunta que puede hacerse mucha gente es por qué. ¿Qué motivos puede tener un joven para hacerse daño?

-Para empezar, hay que romper con el esquema de que los problemas de la gente joven son pequeños o menos importantes. Los problemas son problemas se tengan 2 o 72 años. Y la adolescencia es una etapa en la que los jóvenes viven una guerra emocional muy intensa entre el deseo de permanecer en la infancia y el de salir hacia afuera.

-Pero, ¿con qué fin deciden hacerse cortes o quemarse?

-Motivos hay muchos. Puede ser porque la angustia psicológica de lo que está viviendo un joven es tan intensa e incontrolable que a través de un daño físico logran dar forma a un dolor psicológico que no saben interpretar. Puede suceder que cuando el dolor se reprime muchísimo acaban no sintiendo nada y la autolesión es la fórmula que encuentran para sentir, aunque duela. Se puede dar en jóvenes con baja autoestima que lo hacen a modo de autocastigo por no ser lo suficientemente buenos o, incluso, una forma de llamar la atención, un grito de socorro.

-La autolesión, sobre todo los cortes en las muñecas, se asocia a pie de calle a ideas suicidas. ¿Guarda relación?

-En principio es distinto. El suicidio es una forma de evitar el sufrimiento, mientras que la autolesión es una forma de sentir ese sufrimiento. A la larga, claro que puede haber casos de jóvenes que se autolesionaban y que llegan a los intentos de suicidio, pero también hay muchísima gente que se autolesiona y que no llega a ese punto.

-Abordar esta cuestión como padre debe de ser difícil. ¿Qué pasos recomienda seguir?

-Que sean tajantes y que le digan al joven que van a buscar ayuda, pero no como un ofrecimiento, sino como una dirección. Suelo poner el ejemplo de que si un hijo tiene que ir al dentista porque hay una necesidad no se le pregunta si le parece bien, se le lleva y punto. En este caso es igual. El consejo es que si la familia está viendo que hay una autolesión, sea grande o pequeña, tienen que moverse. No se trata de una tontería sin importancia de los chavales.

-¿La primera reacción suele ser restarle importancia quizás por el miedo a no saber cómo afrontar el problema?

-Es necesario transmitir a muchos padres que no es ninguna vergüenza que su hijo se autolesione y que tengan que solicitar ayuda profesional para solventar el problema. Parece que los hijos hoy en día tienen que ser ideales y no es así. No vivimos en un mundo de fantasía. A veces llegan dificultades y hay que asumirlas. Lo que es una negligencia es que no se haga nada, pero la solución también está en los padres y el trabajo debe ser conjunto. Una situación que no se afronta se tiende a enquistar y termina agravándose. Por eso es importante prestarle atención, sin grandes dramatismos, pero sí con seriedad.

 

Fuente: http://www.diariovasco.com/sociedad/201705/21/alberto-ruiz-alegria-director-20170521001048-v.html

 

 

 

 

 

 

¿HABLAMOS?

Teléfono: 976569798   Móvil: 630253689


¿Cómo llegar?