La Comunidad de Madrid ha puesto en marcha una nueva Unidad de Hospitalización Breve de Psiquiatría para Adolescentes en el Hospital Universitario Puerta de Hierro Majadahonda que este jueves ha visitado el consejero de Sanidad, Enrique Ruiz Escudero.

La unidad es un recurso específico para el tratamiento de pacientes con trastorno mental en situación de descompensación aguda que no pueden ser atendidos de forma ambulatoria. Esta unidad, creada en el marco del Plan Estratégico de Salud Mental 2018-2020 de la Comunidad de Madrid, se suma a las dos existentes actualmente en el Hospital Gregorio Marañón y el Hospital Niño Jesús.

Este plan tiene como objetivo prioritario impulsar la mejora de la atención en salud mental de niños y adolescentes en la región. Se trata de un recurso terapéutico hospitalario para población de 12 a 18 años en el que se presta atención psiquiátrica y cuidados integrales en régimen de ingreso de 24 horas y con una estancia media de entre una y tres semanas durante las que se realizan actuaciones clínicas intensivas.

Funcionamiento de la nueva unidad


Se caracteriza principalmente por la evaluación, la intervención en crisis y la estabilización. Su finalidad es abordar el problema central que provoca el ingreso del paciente y más tarde, afrontar el alta del paciente para poder continuar con su tratamiento en régimen ambulatorio o de hospitalización parcial.

El equipo multidisciplinar que integra esta unidad tiene como objetivos específicos: la reintegración del adolescente lo más rápidamente posible a su medio habitual; realizar aquellas actividades de observacióndiagnósticotratamientocuidados, etc. que, por su complejidad o nivel de riesgo deban realizarse en un medio hospitalario; reestablecer las condiciones necesarias para que el paciente pueda continuar su tratamiento de forma ambulatoria; realización de actividades de formación continuada y docencia; ser un eslabón dentro de la Red Asistencial de Niños y Adolescentes en el Plan de Continuidad de Cuidados de la Comunidad de Madrid; coordinación con el resto de instituciones, y realizar una labor exhaustiva de información y apoyo a los familiares de los menores.

La unidad está integrada por un equipo multidisciplinar de 33 profesionales (psiquiatras, psicólogo, enfermeras, terapeuta ocupacional, trabajador social, auxiliares de enfermería, celadores, personal administrativo y profesores).

Está dotada de 10 camas de hospitalización (cuatro habitaciones de uso doble y dos habitaciones de uso individual), dos salas polivalentes, comedor, dos despachos profesionales, un control de enfermería y un área exterior como zona de esparcimiento y ocio. Su puesta en marcha ha supuesto una inversión de 140.000 euros en adecuación de espacios y adquisición de equipamiento.


Aula Hospitalaria


Asimismo, cuenta con un Aula Hospitalaria donde se les proporciona a los adolescentes ingresados unaatención educativa que asegure el proceso de enseñanza-aprendizaje, favorece la integración socio-afectiva de los alumnos hospitalizados evitando que se produzcan procesos de angustia y aislamiento, y fomenta la utilización formativa del tiempo libre en el hospital.

Esta unidad se integra en el Servicio de Psiquiatría Infantil del Hospital Puerta de Hierro Majadahonda, que hasta la fecha contaba con atención comunitaria en el Centro de Salud Mental de Majadahonda y un dispositivo de consultas externas en el propio hospital.

El Servicio cuenta con dos consultas específicas como son la consulta Contea para diagnóstico y tratamiento de Trastornos del Espectro Autista (TEA) y la consulta para el Diagnóstico Diferencial del TDHA. Asimismo, los profesionales de Puerta de Hierro realizan interconsultas generales con el Servicio de Pediatría y de manera específica en su programa de Psiquiatría Perinatal. 

 

Fuente: https://www.redaccionmedica.com/autonomias/madrid/el-puerta-de-hierro-estrena-una-unidad-psiquiatrica-para-adolescentes-8265

 

 

 

 

Micaela, Paula y "Pequita" no se conocen pero hay algo que, inevitablemente, las une: las tres fueron abusadas sexualmente por un familiar desde que iban al jardín de infantes. Las tres estuvieron hundidas en la oscuridad y el silencio: gritaban, sin embargo, a través de sus dibujos. Hoy, a pedido de Infobae, muestran públicamente los dibujos de su infancia para despabilar a los adultos y terminar con un mito: los chicos que están siendo abusados rara vez dibujan penes. 

Los abusos sexuales comenzaron cuando tenía 4 años. El abusador no era un extraño sino su padre biológico, a quien hoy llama "mi progenitor". Ahora Micaela tiene 18 y en los dibujos de su niñez y su adolescencia se ve con claridad: sólo hay uno en el que dibujó genitales.

A la izquierda, su progenitor desnudo, con sus anteojos y el detalle de una marca en forma de hueso que tiene en el pecho. A la derecha, un dibujo que hizo a los 13 años en donde muestra la “doble cara” de él: “El mejor padre frente los demás y todo lo contrario estando a solas”, cuenta a Infobae 

La psicóloga María Cecilia López, autora del libro "Los dibujos en el abuso sexual infantil", lo explica: "Se cree que en un dibujo siempre tiene que haber un pene para que sea un indicador de abuso sexual infantil, o un adulto teniendo relaciones sexuales con un niño. Esto es un gran mito. Por lo general, en vez de hacer dibujos explícitos, los chicos emiten mensajes simbólicos o metafóricos, qué son más sutiles y hay que saber interpretar".

En vez de dibujar penes, "borran o tachan la parte genital en la figura humana. A veces también hacen la zona de los pantalones muy grande y desproporcionada, no sólo en figuras humanas sino también en animalitos", explica la experta, que trabaja con niñas, niños y adolescentes desde hace 25 años.

Los dibujos de "Pequita", muestran lo que López describe. Su mamá se los llevó a una psicóloga luego de que su hija, de 4 años y medio, le dijera: "Papá me hace pis en la boca": su modo de hablar de una eyaculación. 

 La mamá de Pequita y la psicóloga le preguntaron qué había dibujado y anotaron al lado las respuestas de la nena. Pequita llamaba “cola” a los genitales del padre y también “colita” a su vagina y a su ano. “Papá me toca la colita”, le dijo a su mamá. El padre fue sobreseído.

También Paula, que hoy tiene 19 años, dibujaba genitales desproporcionados. Ella, que fue abusada sexualmente por su padre adoptivo desde la infancia, conservó cuatro dibujos que hizo cuando tenía 9 años. Acerca del siguiente, explica: "Papá me buscaba para lastimarme y yo me escondía debajo de la cama para que no me encuentre. Las personas de afuera nunca se daban cuenta, eran muy felices".

 

 Manifestar que el resto no ve lo que está pasando dentro de la casa es otra característica frecuente en los dibujos. En este otro, Paula, explica: "Después de que me lastimaba, me iba a cortar y luego a ducharme, las personas que me rodean no ven nada de lo que pasa". Es tan evidente que, en este caso, tienen los ojos tapados.

López, que ha ganado juicios usando los dibujos como pruebas, advierte: "Hay un riesgo cuando son demasiado explícitos: la Justicia puede interpretar que fueron hechos de forma co-construida, es decir, que alguien le enseñó a la niña o al niño a hacerlos, o que los copió de algún lado". Los dibujos más explícitos suelen aparecer en el contexto de una terapia o en colegio porque son "pedidos de auxilio a gente ajena a la familia".

También es importante prestar atención a los dibujos que, a primera vista, no dicen nada: "Los mamarrachos, por ejemplo", explica López. "Hay mamarrachos hechos con brillantina y colores, que son expresiones de emociones felices y pacíficas y otros que traducen emociones de angustia, de nervios. Es importante no desestimarlos y aprovechar para preguntarles qué les está pasando, porque ellos no hablan porque tienen miedo al castigo y es ahí que se forma el pacto de silencio con el abusador". 

 Los mamarrachos de Pequita. Eligió colores oscuros y luego los escondió detrás de una cajonera

"También hay que observar cuando los chicos pintan todo rojo, porque el rojo es interpretado como sangre", sigue la especialista. "Haya o no penetración en los abusos, por lo general esos niños tienen miedo de ser asesinados o que el abusador lastime a alguien si ellos hablan. Cuando uno ve esos dibujos suele decir 'qué desprolijo' o 'qué enchastre' pero, si uno los mira bien, están representando el derramamiento de sangre, una escena del crimen". 

 

 Rojo. Son las escenas asociadas al “derramamiuento de sangre”

La especialista, que ha escrito otros diez libros sobre el tema y ha colaborado en capacitaciones para Unicef, describe otros detalles que pueden ser centinelas: "Dibujos en los que haya pies muy extraños también pueden ser indicadores. También hay que observar las chimeneas de las casas: es frecuente que un niño abusado dibuje una casa con varias chimeneas de las que sale humo negro".

El sol, además, es otra figura para observar. "Los chicos asocian el sol con el padre o la figura masculina protectora. Cuando hay abuso sexual de un progenitor varón se refleja en el sol. Lo más frecuente es ver que dibujan dos soles: un sol brillante y un sol negro. A veces aparecen rodeados de muchas nubes y las nubes son símbolos de problemas".  Micaela hizo dos soles mientras iba a jardín: le habían pedido que dibujara qué había hecho en las vacaciones.

 

 ¿Basta con que aparezca algo de todo esto en un dibujo para sospechar de un abuso sexual? "No. Tiene que haber una sumatoria de factores para que amerite hacer una consulta. Primero tienen que aparecer indicadores en muchos dibujos, no sólo en uno", cierra López.

 

 Micaela hizo estos dibujos en la adolescencia. En el primero, su padre está sobre ella en su cama tapándole la boca. En el siguiente, “no puedo dormir por el miedo de que el abuso vuelva a ocurrir”. En el último, “él me preguntaba cómo estaba el agua cuando me bañaba y se quedaba ahí”, mirándola desnuda.

El resto es observar: la expresión facial y corporal del chico, el ánimo, el comportamiento y si está o no "muy sexualizado". Es decir, puede ser normal que un chico de 13 años con acceso a Youtube dibuje genitales pero no que lo haga una nena o un nene de 6 o 7 y además quiera, por ejemplo, tocar los pechos o apoyar el pene en otras personas."Hay que abrir los ojos. Esto pasa con chicos de clase baja, media y alta. A veces, cuando una docente o un adulto de la familia puede detectarlo, le salva la vida".

Fuente: https://www.infobae.com/sociedad/2018/09/08/por-primera-vez-tres-chicas-que-fueron-abusadas-por-sus-padres-muestran-los-pedidos-de-auxilio-en-sus-dibujos-infantiles/

 

 

 

"No es de una indocilidad demasiado grande de los individuos de donde vendrán los peligros del porvenir humano. Al contrario, el creciente desarrollo, en este siglo, de los medios para actuar sobre el psiquismo , una manipulación concertada de las imágenes y de las pasiones, de las que ya se ha hecho uso con éxito contra nuestro juicio, nuestra firmeza y nuestra unidad moral, darán lugar a nuevos abusos de poder." 

Jacques Lacan. La Psiquiatria inglesa y la guerra (1946) 

 

TDAH: ¿movidos o enfermos?

La Vanguardia. 13/7/18. Dia Mundial de Sensibilizacion sobre el TDAH
 

La agitación y el movimiento son propios de la infancia y no tienen, en ellos mismos, nada de patológico. Responden a la necesidad del niño y de la niña de resolver algunas dudas e inquietudes normales de cualquier desarrollo. Preguntas del tipo ¿qué lugar tengo yo en ésta familia? ¿Qué soy, como hijo, en el deseo de mis padres? ¿Perderé su amor si les fallo o me confronto a ellos? ¿Por qué prefieren a mi hermano/a?

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Todos somos ‘TDAH’


Diari de l'Educació. 13/7/18.  Diari de la Sanitat. 13/7/18

Llegir versió en català publicada originalment al Diari de l'educació i al Diari de la Sanitat
 
Si somos capaces de pensar que la movilidad en la educación no es un problema, sino una oportunidad, nuestra percepción de las conductas TDAH como perturbadoras de un sistema y de un aula, propia del siglo XIX, cambiará.
 
 
El Día Mundial de Sensibilización sobre el TDAH, que se celebra hoy, fue propuesto en 2012 por el profesor Russel Barkley a la OMS. Barkley es una de las autoridades mundiales en la materia y autor de numerosos trabajos al respecto. Es también uno de los impulsores del TDAH en adultos, consciente de que al menos un 50% de los niños y adolescentes diagnosticados de TDAH lo seguirán siendo en la vida adulta, a pesar de la medicación y los tratamientos que reciban de niños.
 
Otro eminente psicólogo y profesor emérito de la Universidad de Duke, Keith Conners, señaló en una entrevista para el New York Times, que el número de niños diagnosticados con TDAH se había elevado a 3,5 millones (600.000 detectados en 1990). Él mismo calificó estas cifras de "un desastre nacional de proporciones peligrosas” y añadió diversas consideraciones en su blog. El trastorno es ahora, en los EEUU, el segundo diagnóstico más frecuente a largo plazo realizado en niños, muy cerca ya del asma. En España, los casos de Trastornos por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) se han multiplicado por 30 en los últimos años, sobre todo en niños de 8 a 12 años.
 
¿Cómo interpretar estas cifras? ¿Estamos sobrediagnosticando y, por ende, sobremedicando? ¿El problema ya existía y ahora somos más sensibles, tal como promueve este día mundial de sensibilización?

Tanto Barkley como Conners, y otros muchos, dirían que efectivamente el problema ya existía y ahora sabemos bien sus causas y su tratamiento. Se trata, aseguran, de un problema del neurodesarrollo. Algo anda mal en el cerebro del niño/a y tenemos evidencias científicas de su origen.

 
Pero la realidad es que todas las revisiones recientes, incluidas las favorables a la perspectiva genética (Cortese, 2012, Thapary Cooper, 2016, entre otras) coinciden en dos cosas: la inexistencia de evidencia genética real molecular y su convencimiento (o sea, anhelo sin hechos probados) de que en un futuro habrá hallazgos claros de esta herencia genética. Los datos estadísticos -que no genéticos- que tenemos (Gallo y Posner, 2016) lo único que prueban es que de las cuatro maneras de herencia, genética, epigenética, conductual y cultural (Jablonka y Lamb, 2005), la genética probablemente sea la menos esperable en transmitir rasgos conductuales tipo-TDAH. En todo caso se puede hablar de familias tipo TDAH donde hay conductas y patrones que se asemejan y terminan nombrándose y etiquetándose como TDAH sin que haya causa genética probada.
 
Es cierto que cada vez disponemos de medidas más sensibles del funcionamiento del cerebro (técnicas mejoradas de neuroimágenes) y por eso más fácilmente se encuentran correlatos neuronales de las actividades seleccionadas. Es decir, podemos fotografiar un cerebro y ver su actividad, y si comparamos dos niños diagnosticados con TDAH observaremos que se producen efectos similares pero esto no explica nada en términos de causalidad. Correlato, en ciencia, no quiere decir causalidad. Es aquello que hacemos (movimientos, sensaciones) lo que provoca esas imágenes que captamos, y no al revés.
No es descartable que en el futuro se obtenga una perspectiva neurobiológica o genética clara del TDAH, pero a fecha de hoy esa posibilidad parece muy remota, en el caso de que fuera posible establecerla. Hay que recordar al respecto que ni siquiera para algo tan prevalente como la depresión mayor disponemos de una explicación neurobiológica mínimamente satisfactoria.
Por otra parte, y como reconoce la propia “Guía de Práctica Clínica sobre el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) en Niños y Adolescentes” (GPC-TDAH), del Ministerio de Sanidad, los desacuerdos actuales sobre el diagnóstico y tratamiento del TDAH son numerosos: “No hay acuerdo en nuestro medio acerca de qué instrumentos hay que utilizar para la evaluación de niños con posible TDAH; también existe controversia sobre los criterios que se deben emplear para su diagnóstico.”
En resumen, a día de hoy no tenemos evidencias científicas de que eso que llamamos TDAH sea algo rigurosamente establecido desde el punto de vista científico.
Dicho esto, hay que decir que el TDAH haberlo, haylo. Como mínimo existe como etiqueta y como falso nombre para designar un malestar real que presentan muchos niños y niñas, adolescentes y, cada vez más, adultos. Falso nombre quiere decir que les procura una identidad, un nombre que puede ayudarles a limitar eso pulsional, un cuerpo que no para de moverse. Sin duda dice algo de lo que les pasa. Pero es falso porque el ser humano es más complejo y sobre todo porque fijarlo a ese “nombre” lo des-responsabiliza, en el sentido de ahorrarle (¡No soy yo, es mi cerebro!) responder de sus actos, y le impide además inventar alguna fórmula más exitosa para tratar su agitación.
 
Esa inquietud puede tener muchas causas, algunas graves y con consecuencias importantes para la vida de esa persona. Son esos los casos en los que debemos centrarnos desde el punto de vista clínico. Pero en muchos otros casos, lo que los maestros y padres pueden observar son algunas conductas que les resultan preocupantes (impulsividad, hiperactividad, desatención) y en ese caso hay que valorar si son un problema sólo para ellos (porque tienen un bajo umbral de tolerancia) o si implican realmente un problema para su alumno/hijo (fracaso escolar, conductas de riesgo,..) y por eso también se repiten en la familia y en otros ambientes.
 
Nuestra hipótesis para abordar estas situaciones, desarrollada en el libro “Niñ@s hiper. Infancias hiperactivas, hiperconectadas e hipersexualizadas” (Ubieto y Pérez Álvarez, 2018), es que “primero, la educación” Como se trata de un fenómeno que básicamente lo observamos en la escuela, en la mayoría de casos, la respuesta deberá pasar primero por ver qué estrategias educativas se pueden implementar en cada caso y en conexión con la familia y la escuela.
 
Analizar el contexto escolar específico de ese niño/a teniendo en cuenta las condiciones de trabajo, la atención, para de esta manera ver qué se puede modificar de todo esto. Porque una de las cosas que vamos observando es que todos los procesos exitosos de innovación educativa incluyen una cierta movilidad del alumno en el proceso de aprendizaje, es decir, que no se constriñen al aula de forma rígida, sino que implican trabajo por proyectos, desplazamientos organizados en torno a una tarea.
 
Yo lo he constatado a pequeña escala, pero cuando haya más datos observaremos que la prevalencia del TDAH disminuye simplemente modificando las estrategias educativas. Implica un tipo de interacción y de aprendizaje distinto. Si somos capaces de pensar que la movilidad en la educación no es un problema, sino una oportunidad, nuestra percepción de las conductas TDAH como perturbadoras de un sistema y de un aula, propia del siglo XIX, cambiará.
 
A partir de ahí, una vez que lo educativo está en juego, se pueden encontrar fórmulas de colaboración, prácticas colaborativas que también pueden incluir al psicólogo si es que hay algo que desborda al marco de la escuela. Sobre todo cuando esas conductas también se pueden presentar en la familia y en otros lugares. Y si es necesaria, finalmente también la medicación. Pero tomar el eje de lo educativo como central, y después ir viendo qué otros elementos alrededor de lo educativo se pueden situar, permitiría des-psiquiatrizar un poco el TDAH, porque hoy se ha producido el fenómeno inverso: la psiquiatrización de la escuela.
 
José R. Ubieto. Psicoleg clinic i psicoanalista. Profesor de la UOC. Miembro de la Asociacion Mundial de Psicoanalisis. Autor de “TDAH. Hablar con el cuerpo” (EdiUOC, 2014) i co-autor de Bullying. Una falsa salida para los adolescentes (Ned, 2016) i Niñ@s Hiper. Infancias hiperactivadas, hiperconectadas e hpersexualizadas. (Ned, 2018).
 

Los niños muy pequeños, los enfermos y los ancianos son los miembros más vulnerables de la sociedad, por lo que es lógico que se les trate con más consideración y respeto que aquellos capaces de expresar sus necesidades o defenderse por sí mismos.  En cambio, los bebés a menudo son tratados bruscamente, manipulando su cuerpo sin siquiera una palabra de advertencia y hablando sobre ellos como si fueran cosas en vez de personas.

La primera vez que presencié a alguien hablando respetuosamente a un bebé, como a cualquier otra persona “real”, pensé que era realmente extraño. Sin embargo, me acostumbré y ahora espero que algún día sea lo normal.

La nota a continuación me alentó mucho. Es de una enfermera que trabaja en cuidados intensivos neonatales y ha comenzado a implementar la filosofía de Magda Gerber en la sala de neonatologia y se está maravillando por los resultados de sus esfuerzos.  Esta filosofía consiste en algo tan sencillo como:

1. Hablar a los bebés, especialmente para prepararlos para las cosas que se les va a hacer o les sucederá.

2. Brindar atención completa a los bebés durante las actividades de cuidado (alimentación, cambio de pañales, etc.)  (o intervenciones, si están ingresados, como es el caso).

3. Ser un “seguidor” del juego, permitiendo que los bebés inicien actividades e interacciones.

Aquí la nota de esta lectora enfermera:

Hola Janet, Encontré tu sitio hace varios meses. Si bien aún no soy madre, mi pareja y yo queremos ser padres. Lo que Magda Gerber dijo (y lo que repites e ilustras a través de ejemplos de la vida real) resuena profundamente en mí, y ya hemos aplicado los principios de RIE entre nosotros, para practicar, y porque yo misma tengo dificultades para expresarme…

También soy enfermera de una unidad de Cuidados Intensivos Neonatales (UCIN) en el hospital de la provincia en la que vivo. Cuidamos a los bebés más pequeños y enfermos de toda la provincia. Mi trabajo es increíblemente gratificante, triste, desafiante y, a menudo lleno de alegría (y lágrimas, frustración, etc.). Empecé a reflexionar sobre cómo aplicar RIE a mi trabajo, y si sería exitoso, teniendo en cuenta la cantidad de cambios de turno que tenemos entre las enfermeras que cuidamos a los bebés.

¡¡Resultó que realmente funciona bastante bien!!. Sus publicaciones recientes sobre cómo comunicarse con un niño que ABSOLUTAMENTE NO QUIERE ALGO fueron increíblemente útiles, teniendo en cuenta que los bebés prematuros sufren muchas intervenciones que generan incomodidad y dolor.

Hay algunos principios de RIE que he modificado para ajustarlas a nuestra realidad en la UCIN. Por ejemplo, los bebés en UCIN tienen pocas oportunidades de expresar sus necesidad de alimentos. Se les proporciona una cantidad regulada de nutrición para satisfacer los requerimientos calóricos para que puedan crecer, sanar e irse a casa.  Los cambio de pañal, las tomas de temperatura y pruebas médicas se realizan en torno a estos horarios de alimentación, que a menudo interrumpen el horario de sueño del bebé. Esta es una parte difícil, porque los más prematuros no se despiertan en respuesta al hambre de todos modos!

También ha habido investigaciones que demuestran que hablar con prematuros activa la parte de su cerebro que procesa el sonido y desarrolla el lenguaje, y que la adquisición retrasada del lenguaje en esta población es un problema mayor de lo que inicialmente se pensaba. Ahora hablo con los bebés siempre que realizado algún procedimientos: alimentación, cambio de pañales, toma de temperatura o peso, movimiento … Cuido a bebés muy pequeños, es agotador, pero incluso desde el comienzo noté una diferencia.

El mayor cambio que he notado es que estoy más tranquila, especialmente cuando me enfrento a la situación de un bebé que llora inconsolable a las 3 de la mañana, que ha estado inquieto durante todo el día y está claramente exhausto e incómodo. Si bien no es perfecto y tengo mis momentos de agotamiento, es un buen cambio.

Estoy más presente mientras hago cualquier acción de cuidado y animo a los padres con los que trabajo a ESTAR PRESENTEScuando están con sus bebés, les alimentan o les cambian.

En una ocasión estaba visitando a una bebé que había estado en neonatología y ahora estaba en la planta de pediatría. Ya tenía unos meses. Me horroricé al descubrir que el personal de pediatría (enfermeras, doctores, etc.) en realidad no hablan con los bebés, solo con los padres, ¡¡y luego se preguntaban por qué los bebés gritan desesperados durante las intervenciones!! Conversé con el bebé, le dije que solo estaba allí para verla, seguí su juego con los vasos, y ella me dejó entrar en su burbuja personal e incluso se acurrucó para darme un abrazo rápido (su madre estaba boquiabierta, ya que estaba más interesada en ser independiente que en abrazarse). Ese incidente consolidó a RIE como el camino a seguir en mi práctica profesional. Gracias por poner todo por ahí. Realmente lo aprecio, especialmente al aplicar los principios de Magda a un entorno donde los bebés no tienen control sobre absolutamente nada en sus vidas.Si bien es posible que no puedan elegir entre sus horarios de alimentación, dónde están, etc., ¡hago lo que puedo para hacer pequeños cambios! Sinceramente, Enfermera Elizabeth, ¡muchas gracias por todo lo que haces!

 

Traducido y adaptado del artículo

Healing babies with Respect – 3 small changes that foster confidence and trust

Fuente: https://saludmentalperinatal.es/tratar-los-bebes-respeto-tres-pequenos-cambios-que-les-ayudan-confiar-prosperar/

 

 

Por Estanislao Giménez Corte |  Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

A sus 38 años, Luciano Lutereau acumula una carrera académica y una trayectoria como autor muy importantes. Es psicoanalista, doctor en Psicología y doctor en Filosofía por la UBA (donde trabaja como investigador y docente); especialista en Psicología Clínica (UBA) y magíster en Psicoanálisis (UBA). Se desempeña como coordinador de la Licenciatura en Filosofía de Uces y director de la revista de Filosofía y Psicoanálisis Verba Volant. Ha escrito diversos libros, algunos en co-autoría. Los últimos son: “No hay relación sexual. Amor, deseo y goce en psicoanálisis” (2015), “Ya no hay hombres. Ensayos sobre la destitución masculina” (2016) y “Edipo y violencia. Por qué los hombres odian a las mujeres” (2017). El Litoral conversó con Luciano a propósito de la salida de su último volumen “Más crianza, menos terapia. Ser padres en el siglo XXI” (Paidós, 2018).

 

—“Más crianza, menos terapia” ¿es un título que casi puede observarse como paradójico viniendo de un psicoanalista? Más allá de que referencia el título del famoso “Más Platón menos Prozac” ¿puede decirse que el libro cuestiona el lugar asumido de la terapia o la consulta en relación con la infancia o bien, que plantea otros modos de abordar la problemática?

 

—Sin duda, es parte de una autocrítica también. Creo que los terapeutas muchas veces hemos tomado en tratamiento a niños, sin haber agotado otras opciones antes. En mi práctica pude comprobar que muchos de los padecimientos actuales de los niños pueden elaborarse a través de entrevistas de orientación a padres, ya que no se trata de que los niños padezcan síntomas en sentido estricto, sino de cuestiones de crianza en el mundo que le toca a la familia actual.

 

—En tus textos (los de este libro y los que publicás en el diario) proponés un abordaje que constantemente se sale de la cita académica y que refiere a los productos de la industria cultural (literatura, cine, música, dichos populares, etc), ¿es un modo de conectar tus teorías con lo que sucede en la experiencia cotidiana? ¿es una forma de enriquecer el texto? ¿es una característica de tu formación?

 

—A veces, una canción nos puede explicar mucho mejor un concepto que una compleja cita académica. Mi idea, cuando intento divulgar el psicoanálisis (es decir, llevarlo más allá del intercambio entre colegas, sin que pierda su rigor) es mostrarle a los demás que eso que intento transmitir, de alguna manera, ya lo saben. Lo han escuchado en la radio, los emocionó cuando vieron una película. Desde mi punto de vista, el psicoanálisis no es una teoría, sino un modo de experiencia que se comprueba en la vida cotidiana.

 

—Hay, además, una profusa referencia a tus propias experiencias como padre y a los casos que llegan a tu consulta, ¿reflexionaste en torno del modo de combinar esa experiencia con la formación teórica como un valor agregado de tu trabajo?

 

—En un artículo para El Litoral, una vez, escribí algo que sólo después pude pensar mejor: mi hijo Joaquín es uno de mis principales maestros en psicoanálisis. No soy la excepción, lo mismo le pasó a Freud con su nieto, a Klein con sus hijos, a Lacan con su nieta, en fin, para mí fue importante en la escritura de este libro no hablar como especialista que dice lo que hay que hacer, ofrece recetas, baja línea, sino exponer cómo muchos de los conflictos de que hablo, los viví como padre ¡y la teoría no me sirvió para nada! Al contrario, tuve que aprender a saber menos, tuve que aprender a aprender de mi hijo.

 

—¿Podemos decir que en el libro cada tema planteado se inicia con una experiencia (casi en el plano de lo confesional), luego pasa por la teoría, y a posteriori se ilustra con autores propios de la disciplina?

 

—No fue algo deliberado, pero ésta fue la estructura que tomaron los capítulos. La teoría sólo funciona como un pasaje o, mejor dicho, como una elaboración de lo que nace en la experiencia. Luego, los demás ejemplos sólo vienen para mostrar cómo a veces un conflicto puede vivirse de diferentes maneras.

 

—Sos Dr. en Psicología y Dr. en Filosofía, amén de otros títulos de grado y posgrado, ¿cómo se combinan o conjugan (o conjugaron) estas formaciones al interior de tu trabajo?

 

—De la Psicología, y del psicoanálisis en particular, tomo el interés por descubrir las motivaciones inconscientes de la conducta. De la Filosofía, como método, me quedo con la interrogación de lo evidente, creo que no hay nada menos evidente que lo evidente.

 

—¿Puede explicarse el porqué de tu interés por la infancia de un modo sencillo y sintético?

 

—La infancia es pensar mucho más que los niños. Recuperar la infancia es retornar a un tipo de experiencia que, a diferencia de la vida de los adultos, no se olvida del juego y la curiosidad. Si los adultos pudiéramos ser un poco más niños, sin ser infantiles, quizá tendríamos menos problemas con el trabajo y el amor.

 

—Hemos hablado acerca de la excelente circulación y recepción que tienen tus notas en El Litoral, siendo a menudo los textos más leídos, comentados y compartidos de las ediciones; allí trabajás cuestiones como los celos de pareja, los miedos infantiles, los niños tiranos. ¿A qué atribuís el éxito de tus escritos? ¿Qué lectura podés hacer de ello?

 

—Eso pueden decirlo mejor los lectores, pero lo que han dicho varias veces es que se sienten “escuchados”. Me encantó esta expresión, porque es lo que también hacemos los psicoanalistas en el consultorio: escuchar. Además, disfruto mucho cuando diferentes lectores me escriben para sugerirme temas, proponerme preguntas, en fin, es una gran satisfacción la de sentir que, aunque quizá nunca los vea en persona, puedo acompañarlos en la vida cotidiana.

 

—Tenés una muy activa agenda de trabajo en docencia, escritura de libros y artículos, seminarios, talleres, etc., ¿cómo organizás tu jornada, cómo es tu método de trabajo, si acaso éste existiera? ¿Cómo es la rutina de un día cualquiera?

 

—Trabajo muchas horas, es cierto, pero es una de las cosas que más disfruto. Mi agenda es a veces caótica, la verdad, pero creo que pude aprender a jugar con el trabajo en este tiempo. Soy una persona afortunada al poder trabajar de lo que me gusta, estoy agradecido de eso. Quizá otras veces me quedo corto para la vida íntima, el otro día le pregunté a mi hijo que si me acompañaría al trabajo (me refería a dar una clase en la Facultad) y me preguntó: “¿A cuál de todos?”. Confío en que con el tiempo podré encontrar un equilibrio más apropiado.

 

Fuente: http://www.ellitoral.com/index.php/id_um/171955-el-psicoanalisis-no-es-una-teoria-sino-un-modo-de-experiencia-entrevista-a-luciano-lutereau-opinion.html

 

 

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