Foto IG: dicolaaa
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Es difícil, ser mamá es difícil y cansado, mientras que los niños parecen tener toda la energía del mundo.

 

El otro día leía una frase que dice así: “No hay niños difíciles, lo difícil es ser niño en un mundo de gente cansada, ocupada, sin paciencia y con prisa”.

 

Y pensé en todas las veces que he querido que mi hija se quede en silencio al menos 3 minutos, que se quede acostada un rato más por las mañanas para yo poder descansar o que coma tranquila sin tirar todo al piso para yo al menos darle una mordida a mi taco.

 

Exigimos demasiado a nuestros niños para no tener los pelos de punta, pero qué tanto se trata de ellos y qué tanto es nuestra mínima paciencia.

 

Siempre me dicen que tenga mucha paciencia porque mi hija está entrando a la etapa de los terribles 2, y apenas con unos cuantos berrinches a las 3 de la mañana en donde no hay nada que la calme del llanto y los gritos, pienso ¿cuánta paciencia más necesitaré?

 

La vida hoy tiene un ritmo distinto a como nos tocó hace años. Hoy la mayoría de los papás trabajan mientras los niños se la pasan en actividades extra curriculares, estamos agotados la mayor parte del tiempo entre la casa, el trabajo, el tráfico y los niños.

 

Queremos salir corriendo todo el tiempo y difícilmente tenemos momentos para nosotros sin el caos diario de la vida. Con ese ritmo jamás nos detendremos a satisfacer lo que nuestros hijos nos piden en forma de berrinche.

 

Exigimos paz y tranquilidad mientras nuestra mente no deja de revolucionar, queremos silencio pero nuestros pensamientos nos atacan como si fueran altavoces, queremos tiempos fuera pero nosotros no nos los tomamos.

 

Necesitamos estar tranquilos para tranquilizar, y estar en paz para dar paz. Si somos caos nuestros hijos estarán en un torbellino.

 

Y ellos no tienen la culpa, ellos solo quiere brincar, cantar y gritar, explorar el mundo y conocer sus límites.

 

Entonces, sí, es difícil para ellos vivir en un mundo donde los adultos apenas somos bondadosos con nosotros y en la medida en la que lo hagamos con nosotros mismos podremos darlo y enseñarlo a ellos, ellos que tanto lo necesitan porque un día serán también padres.

 

FUENTE: https://www.naranxadul.com/vida-de-mama/no-hay-ninos-dificiles-lo-dificil-es-ser-nino-en-un-mundo-de-gente-cansada-ocupada-sin?fbclid=IwAR3zykWFuEkC4QtbB7BeSyVN9UyXkOx3hI2uy4BfDSP1FxKqZyddBWp7JAE

Solos y desde el sur. Así es como han llegado a España miles de chavales y chavalas, jóvenes migrantes, aún muy niños en muchos casos. Lo hacen a bordo de barquitas de juguete con artesanales remos de madera, a toda velocidad en motos de agua cuyo piloto les tira al mar si se topa con la lancha de la Guardia Civil. Vienen medio asfixiados dentro de maletas o escondidos en el salpicadero de un coche que cruza tembloroso el paso fronterizo de Ceuta o Melilla. A la carrera entre los policías españoles y marroquíes en los puestos de frontera, con la vista fijada en colarse en un ferry en los bajos de un camión. Llegan en embarcaciones más grandes, junto a decenas de otros migrantes mayores. Junto a sus propios traficantes, tratantes en algunos casos. Llegan solos y son vulnerables. Vienen a Europa huyendo de mil males. Son magrebíes, subsaharianos, sirios, afganos...

Son niños que han crecido de forma prematura, madurez acelerada por la pobreza, la violencia o amenazas que envejecen la mirada y, a veces, envilecen el carácter. Les llamamos menas. Eso son para la Administración. Meras siglas, un problema con muchos nombres y apellidos que el Estado ha tenido a bien agrupar bajo el nombre técnico de "menores extranjeros no acompañados". Menas. Niños sigla. Niños de nadie.

Son 13.012 los chicos y chicas que el Ministerio del Interior tiene contabilizados hasta finales del pasado enero. El doble que en 2017. Tres veces más que en 2016. Casi 700 menos que en diciembre de 2018. ¿Dónde han ido en un solo mes esos 700 niños cuya guarda y custodia recae en las comunidades autónomas? Es una pregunta sin respuesta clara: unos se hacen mayores y dejan de llamarse menas para ser sólo inmigrantes irregulares. Otros siguen viajando más al norte, donde quizás encuentren amigos y familiares que ya pasaron el trance de la migración. Otros no aguantan las deplorables condiciones de algunos de los centros de acogida en regiones como Andalucía, Madrid o Melilla y se lanzan a las calles. Algunos, simplemente, desaparecen del radar de la Administración. Nadie los busca porque a nadie importan.

Quiénes son es difícil de decir. Todas las organizaciones que trabajan con ellos coinciden en que cada chico es un mundo, una historia con final abierto que, debido a los escasos recursos para atenderlos —muchos de los cuales se esfuman sin que se noten mejoras en los centros—, depende de la suerte: del centro al que vayan, del educador que les toque, de la comunidad autónoma a la que consigan llegar, de su historia previa o de sus objetivos una vez alcanzado el “sueño europeo”. “Hay un proyecto migratorio por cada niño que llega a España. De ahí la complejidad del fenómeno”, resume Javier Cuenca, responsable de Save the Children en Andalucía, la región que más chicos y chicas que migran solos tiene bajo su tutela. Son casi 6.300, según los datos facilitados por Interior al cierre de 2018, el 45% del total. Una cifra que se ha reducido a poco más de 5.700 en el primer mes del año.

La cifra de menores extranjeros no acompañados en España se mantuvo más o menos estable, en el entorno de los 3.000, hasta hace tres años. En 2016, al igual que crecieron los flujos migratorios hacia España, el número de chicos no acompañados comenzó a aumentar de forma más que notable. Comunidades como Andalucía protestaron ante el Gobierno central exigiendo más fondos y un reparto “solidario” entre las comunidades autónomas que “menor presión migratoria soportan”. Los centros de acogida de Andalucía están saturados, falta personal educador y, sobre todo, espacio, según han denunciado en repetidas ocasiones los propios trabajadores.

Save the Children: "No sabemos qué plan tiene el Gobierno de PP y Cs para los menores migrantes en Andalucía"

Aquella polémica se saldó el pasado año con un exiguo reparto de menores entre algunas regiones que se ofrecieron voluntarias y con 40 millones de euros adicionales de los queAndalucía se llevó la mayor parte, 25 millones. “Pero no ha habido ningún cambio”, explica Cuenca. “Hubo tentativas, pero la mayoría de comunidades se pusieron de perfil mostrando una gran insolidaridad territorial. Andalucía es la puerta de entrada, afecta a todo el país y también a nivel europeo. Su proyecto migratorio, el de la mayoría, es terminar en Francia”, sostiene. “Hasta antes de la elecciones, la Junta tenía planes para construir un centro de acogida inmediata más grande para evitar la saturación de centros más pequeños en primera línea, en Algeciras o Campo de Gibraltar. La idea era tener un centro para dos o tres meses de estudio individualizado y luego valorar traslados según el proyecto y las redes familiares del menor en Europa. Ahora estamos a la espera de que los nuevos cargos nos digan qué expectativas tienen. No sabemos qué plan tiene el Gobierno de PP y Ciudadanos en Andalucía”, explica el responsable de la ONG.

El éxodo marroquí y el ‘boom’ guineano

 

Mientras las administraciones siguen sin afrontar un fenómeno en aumento que eclosionó en los 90, ellos y ellas siguen llegando. Cada vez más y desde más sitios. Son los marroquíes los que ocupan el grueso de las vagas estadísticas que facilita Interior. Había unos 2.500 menores marroquíes tutelados en España en 2016. En 2017 aumentaron hasta los 4.159, según datos del Gobierno facilitados a Save the Children para su informe de 2018 Los más solos, uno de los más completos hasta la fecha. Sin embargo, a cierre de 2018 —la única referencia que Interior desglosa por nacionalidades— había más de 9.500, sin contar el número de menores que llegan y nunca pasan por los recursos oficiales, algo muy común entre los marroquíes y los argelinos, la segunda nacionalidad más habitual entre los menores migrantes hasta este año.

"Entrevisté a un chaval de Tánger que había venido a España porque todos los chicos de su edad de su barrio lo habían hecho"

Entre las razones del repunte, la ONG aprecia un “agravamiento de las tensiones sociales causadas por una economía frágil, escasas oportunidades para la población y represiones a la libertad de expresión que han caracterizado el 2017”. Para Carlos Chana, responsable de los proyectos Programa Infancia, Servicio Social Internacional y Restablecimiento del Contacto Familiar de la Cruz Roja Española, también hay que añadir el establecimiento del servicio militar obligatorio en Marruecos. “Los hay que vienen como eslabón de un proyecto migratorio familiar, una inversión para que uno de los hijos llegue a Europa y envíe dinero cuando encuentre trabajo. Pero muchos vienen influidos por ambiente de calle. Entrevisté a un chaval de Tánger que había venido a España porque todos los chicos de su edad de su barrio lo habían hecho. Es muy frecuente”, describe el experto de Cruz Roja.

Mapa de las rutas migratorias de los menores migrantes.- SAVE THE CHILDREN

Mapa de las rutas migratorias de los menores migrantes.- SAVE THE CHILDREN

Según Chana, el perfil de los chavales norteafricanos está muy condicionado por su forma de socializar en Internet y el consumo del modelo de vida europeo. Quizás por eso, porque sus expectativas no se parecen en nada a lo que han visto en las redes sociales, son más propensos a abandonar los recursos residenciales y educativos. “Se aprecian diferencias entre los chicos marroquíes o argelinos y los subsaharianos. Los últimos han pasado por un periplo más traumático, algunos huyen de guerras y crisis económicas y políticas, pero tienen más adherencia a los proyectos educativos y de integración. Los norteafricanos suelen venir sin un proyecto claro y con expectativas muy a corto plazo que no se cumplen”, resume.

Precisamente, el número de menores subsaharianos que ha llegado a España ha aumentado con fuerza. Ya ocurrió en 2005 y 2006, durante la época de los cayucos hacia Canarias procedentes de Senegal y Mauritania. Ahora, tras los cambios en las rutas migratorias del último año y medio, es muy común encontrar chavales subsaharianos a bordo de una patera en el Estrecho. Llegan sobre todo desde Guinea Conakry, un país cuya economía creció más de un 6,6% en 2016 gracias a la producción de minerales como oro o bauxita, pero donde casi el 75% de la población sufre pobreza multidimensional y su índice de desarrollo humano está a la cola mundial. Si en 2015 había registrados 42 menores guineanos solos, en 2017 eran 258. El año pasado, el sistema español contabilizó a 1.112 niños y niñas procedentes de Guinea en 2018.

Ellas: más vulnerables, más invisibles

Si al factor de la infancia se le añade el del sexo, la ecuación sale a perder en el caso de las niñas. Según los datos oficiales, son muchas menos. Concretamente, había 971 chicas registradas en diciembre de 2018. Son apenas el apenas el 7% de los 13.796 menores migrantes no acompañados que han pasado por el sistema público de protección el pasado año.

La diferencia no es casual, apuntan los expertos. Responde, en primer lugar, a factores culturales. Sobre todo, al modelo de sociedad patriarcal que impera en los países de origen, donde las mujeres están supeditadas a la voluntad de los varones, recluidas en las tareas domésticas, argumentan. “Si el proyecto migratorio es un asunto de toda la familia, el que tiene la oportunidad es el chico. También creen que tiene más posibilidades de éxito”, afirma el responsable de Save the Children en Andalucía.

"Es probable que, cuando las menores llegan a los centros, los tratantes terminen arrancándolas de allí para ser prostituidas"

Coincide con él Chana, de Cruz Roja, quien señala al “mayor control social” hacia las mujeres en estos países como una de las causas de esta abismal diferencia entre chicos y chicas. Ambos expertos reseñan que ellas están mucho más expuestas a los peligros que entraña un viaje de estas características: abusos, violencia sexual, trata, explotación sexual, esclavitud laboral, tráfico de órganos. Pero vienen aun así. Y muchas son totalmente invisibles para las autoridades, explican ambos. Unas, porque pasan inadvertidas para el sistema; otras, porque salen de los centros de acogida, que son de régimen abierto. “Pueden llegar a España y, después de un tiempo en el centro, son localizadas y captadas de nuevo por los tratantes, que se las llevan y nunca más vuelven”, advierte Javier Cuenca.

Lo confirma José Nieto, inspector Jefe de la Unidad Central de Redes de Inmigración Ilegal y Falsedades Documentales (UCRIF) de la Policía, uno de los mayores expertos en trata de personas. “Cuando llega una patera con subsaharianas se activa un protocolo para tratar de determinar la situación y saber si son menores, porque llegan sin documentación”, sostiene. “Ellas vienen traficadas y es muy probable que puedan ser tratadas en el futuro, en España o en otro país. Es probable que, en el caso de las menores, cuando llegan a los centros, los tratantes terminen arrancándolas de allí y las lleven a ser explotadas, prostituidas, en polígonos industriales, en los invernaderos de Almería, en pisos… En sitios recónditos. Por eso decimos que son víctimas invisibles”, añade.

En 2018, la Policía detectó a 24 menores extranjeras víctimas de trata, 13 de ellas con fines de explotación sexual, tres por matrimonio forzoso, ocho con fines de explotación laboral y una explotada en mendicidad. La mayoría eran procedentes de Nigeria y Rumanía, relata Nieto. “Sólo una niña en estas condiciones es un problema enorme, pero los números no son muy elevados y no tenemos identificada una red dedicada exclusivamente a la trata de menores migrantes”, sostiene, aunque reconoce que es difícil conocer la proporción exacta del problema.
Los centros de acogida son sitios conflictivos, es posible que las organizaciones estén pululando por allí para llevarse a las niñas, pero nos faltarían manos para proteger todos los centros y seguir trabajando en la detección. Es una tarea muy complicada y las ONG nos ayudan aquí, nos informan de visitas extrañas, cambios de comportamiento, etc. Cuando nos informan estamos preparados y lo vigilamos, pero es complicado. Sobre todo porque, cuando hablamos con ellas, muchas veces no nos dicen nada, tienen mucho miedo y mucha presión. Así es muy difícil que podamos trabajar rápido”, destaca.

Hacerse mayor

 
Varias de las menores marroquíes devueltas de Palencia a Melilla cargan con sus maletas en la ciudad autónoma.- JOSÉ PALAZÓN/PRODEIN

Varias de menores marroquíes tutaledas devueltas de Palencia a Melilla cargan con sus maletas en la ciudad autónoma.- JOSÉ PALAZÓN/PRODEIN

Muchos de ellos superan como pueden esta etapa dentro del sistema. A algunos, una radiografía de la muñeca o la mandíbula o una exploración de los genitales les ha convertido en adultos antes de tiempo. Otros han soportado el hacinamiento, los colchones en el suelo para dormir y la falta de educadores y educación. Pero todavía les queda lo más difícil: hacerse mayor.

“Faltan datos oficiales del porcentaje de menores tutelados que acaba integrado, trabajando o estudiando al cumplir los 18 años”

Desde Save the Children y otras organizaciones han denunciado en numerosas ocasiones lastrabas de las distintas administraciones para tramitar los permisos de trabajo y de residencia de estos chicos cuando cumplen la mayoría edad. Chana también lo denuncia y recuerda que Cruz Roja desistió hace años de trabajar gestionando centros de acogida de menores por la falta de compromiso de los Gobiernos regionales en este asunto. “El éxito de estos chavales depende de esos dos papeles. Si no se los dan, como debería hacerse, no sirve de nada todo lo invertido”, resume.

“Nos faltan datos oficiales del porcentaje de menores tutelados que acaba integrado, con un trabajo o estudiando al cumplir los 18 años”, critica Cuenca. En Andalucía, explica, “casi todos quedan fuera del sistema de protección y la Junta, que tiene obligación de proporcionar la documentación necesaria, no se la facilitan. Se quedan fuera y sin papeles y se arriesgan a ser expulsados. No hay cifras concretas, ni siquiera las hemos conseguido a través del Portal del Transparencia”, lamenta el responsable de Save the Children en la región. Es posible que haya mucho que esconder sobre cómo trata nuestro sistema a los niños que no son nuestros, a los hijos de nadie.

 

Fuente: https://www.publico.es/sociedad/

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el maltrato infantil provoca serias alteraciones en la salud mental y física que perduran toda la vida, y sus consecuencias a nivel socioprofesional podrían ralentizar el desarrollo económico y social de un país.

Las estadísticas no mienten: una cuarta parte de todos los adultos en el mundo admitieron haber sufrido maltratos físicos de niños, mientras que una de cada cinco mujeres y uno de cada 13 hombres declararon haber sido víctimas de abusos sexuales en la infancia. 

Por tanto, urge la necesidad de crear consciencia en la población y frenar los casos de maltrato infantil que se registran a diario en el hogar de cientos de miles de familias. Esto es precisamente lo que veremos en la siguiente recopilación de videos educativos y cuentos infantiles para prevenir el abuso infantil en todas sus variantes: físico, psicológico, sexual, explotación comercial, desatención, entre otros.

¿A quién está dirigido este tipo de contenidos? La difusión de estos videos es posible gracias a la colaboración de distintas organizaciones internacionales como la Policía de Investigaciones de Chile, EBI México, Fundación RenaSer, Observatorio en Salud Sexual y Reproductiva OSAR
Su contenido es altamente recomendado para niños de 3 años en adelante.

¿Y cómo puedo reproducir a los videos educativos? Para acceder al material digital sólo tienes que hacer clic en los enlaces que compartimos después de la descripción de cada cuento. ¡Es muy sencillo! No olvides difundir esta iniciativa en tus principales redes sociales.

#01. Ivan es un superhéroe (ver video)
#02. El valor de pedir ayuda (ver video)
#03. Cuidado con el Zorro (ver video)
#04. Mi cuerpo es mi tesoro (ver video)
#05. Pao y las zapatillas mágicas (ver video)
#06. Educación emocional para prevenir el abuso (ver video)
#07. El Libro de Tere (ver video)
#08. Mi cuerpo me pertenece (ver video)
#09. El Primo Ramón (ver video)
#10. Video contra el abuso infantil (ver video)

 

 Fuente: https://www.oyejuanjo.com/

Durante los últimos años, Van Os se ha convertido en uno de los grandes críticos de los principios de la psiquiatría moderna. Su propuesta pasa por volver a centrarse en el paciente

 

Hace un par de años, un editorial publicado en el 'British Medical Journal' por el doctor Jim van Os cayó como una bomba en el mundo de la psiquiatría. Su título, “La esquizofrenia no existe”, no dejaba lugar a dudas. Según el director de los servicios psiquiátricos del Centro Médico de la Universidad de Maastricht, es necesario acabar de una vez por todas con dicha dañina etiqueta y sustituirla por el “síndrome del espectro de psicosis”, similar a la manera de catalogar el autismo. Siguiendo los pasos de países como Japón y Corea del Sur, el objetivo es eliminar las connotaciones negativas relacionadas con el término, descrito a menudo como “una enfermedad cerebral crónica y sin solución”. El artículo dio pie a la polémica: algunos de sus compañeros le calificaron de “antipsiquiatra”.

Van Os, uno de los investigadores más citados del mundo y miembro de la Real Academia Holandesa de la Ciencia, está promoviendo desde los Países Bajos una reforma gradual de los sistemas de salud mental a través de diversos proyectos piloto en los que intenta renovar el tratamiento de la psicosis y de la depresión a partir de un enfoque centrado en el paciente. El fin último ya no es suprimir síntomas sino mejorar la resiliencia del paciente. Una perspectiva que cuestiona el común enfoque biológico, que en su opinión, crea etiquetas estigmatizadoras y se olvida de enseñar al usuario a reinventar su vida y aprender a convivir con su situación.

Lo que funciona es la atención que proporciona esperanza y en la que todo el mundo trabaja para alcanzar sus objetivos vitales

 

El holandés, que formó parte del grupo de profesionales que evaluó la sección dedicada a la psicosis del manual psiquiátrico DSM-5 (se trata de uno de sus grandes críticos) y es editor académico de 'PlOS ONE', visitó la pasada semana Madrid para dar una conferencia, invitado por la organización Nueva Psiquiatría. Aprovechamos la ocasión para que señalase los problemas con los que, a su juicio, se enfrenta la psicología moderna y nos explicase cuáles son sus ideas para mejorar las perspectivas de los pacientes en un momento en el que las enfermedades mentales parecen cada vez más prevalentes. Entre sus próximos objetivos, conseguir que el CIE-11, que se publicará a lo largo de este año, acabe de una vez por todas con la etiqueta de “esquizofrenia”.

 

PREGUNTA. ¿En qué punto nos encontramos?

R. Poco a poco vemos que hay cada vez más debate y reflexión sobre lo que ocurre en los servicios de salud generales y en psiquiatría. Se está viendo que los servicios están fragmentados, son episódicos, reactivos e insuficientes. Sobre todo, están desconectados de los objetivos de los pacientes, que deberían ir más allá de tratar los síntomas, y ayudarles a participar en la sociedad y reinventar su identidad y los objetivos que dan sentido a la vida después de haber vivido una experiencia límite como la psicosis.

Esta desconexión es algo que puede verse en la sanidad en general, se tratan los síntomas pero no se solucionan las enfermedades. Ahora se está desarrollando el conocimiento de usuarios, otra clase de conocimiento científico basado en la experiencia de los profesionales. El desafío en Europa y en el resto del mundo es cómo llevar a cabo una psiquiatría basada tanto en el conocimiento científico como en el de los usuarios. Se ha hecho un análisis después de 40 años y se ha descubierto que lo que funciona es la atención psiquiátrica que sabe conectar a la gente con otros usuarios y con profesionales, que proporciona un sentimiento de esperanza y en la que todo el mundo trabaja para alcanzar sus objetivos vitales.

Es muy importante ayudar a la gente a que autogestione sus problemas, que tome decisiones sobre su medicación, que experimente, que tome riesgos… Ese tipo de conocimiento aún no está incorporado en la experiencia de los profesionales. Lo que necesitamos no son hospitales (bueno, quizá tan solo un poco), sino un servicio de atención de salud mental a pequeña escala y basado en el principio de la comunidad de curación, que esté integrado con los médicos de cabecera, los servicios sociales y sobre todo, que incorpore los principios del conocimiento de los usuarios. Va a ser mucho más democrático y eficaz.

P. ¿Qué están haciendo ustedes?

R. En Holanda hemos montado experimentos piloto porque no puedes cambiar un sistema entero así como así. Tenemos 10 proyectos basados en el principio de comunidad, trabajando con usuarios como si fuesen profesionales, y promoviendo otros valores psiquiátricos. Eso es muy difícil. El problema es el conocimiento profesional, que dice que lo necesario es el tratamiento técnico. Ahora sabemos a través de los metaanálisis de la literatura científica que gran parte de lo que marca la diferencia no son los ingredientes técnicos de los tratamientos, sino cómo lo hacen, cómo es el ritual del tratamiento, el contacto terapéutico, la empatía, saber escuchar, tomarse su tiempo… Muchas cosas que son importantes para hacer un relato empático que ayude a la gente a cambiar. Tratar trastornos mentales no es solo tratar síntomas, sino sobre todo invitar a la gente con poca motivación a introducir cambios en su vida. Pero para eso hay que cambiar la actitud de los profesionales.

Estamos haciendo un truco médico: tratamos los síntomas sin tratar a la persona. El tratamiento es a largo plazo y debe mejorar la vida de los pacientes

Muchos no quieren: un psiquiatra o un psicólogo que ha estudiado ocho años quiere ser el que domine el mercado, donde se mueve mucho dinero. Yo les digo que tienen que cambiar y que necesitamos experiencia, no sus conocimientos, entablar relaciones de forma que la gente pueda cambiar las cosas en su vida.

P. Es una tendencia global en toda la medicina, no solo en la psiquiatría: tratamientos personalizados que ya no intentan que el paciente encaje, a través del análisis de los síntomas, en una etiqueta determinada. Pero habrá quien diga que es más caro y menos práctico tratar uno por uno a cada uno de los pacientes.

R. No, ahora estamos haciendo un truco médico, estamos tratando síntomas sin tratar a la persona. Entonces no salen adelante, no trabajan, no tienen vidas productivas, lo que es mucho más caro para la sociedad. La medicina personalizada es algo diferente a la nueva psiquiatría. Si tienes un tumor, en la medicina personalizada realizarás una prueba para ver cuál es el perfil único de esa persona y de qué forma va a responder al tratamiento. En ese enfoque, no sería lógico tratar a la gente a través de categorías donde no encajan. Pero en psiquiatría, los diagnósticos no existen. La relación entre estos y las necesidades y cuidados son muy débiles, no predicen prognosis, y un diagnóstico debería predecir el tipo de necesidades y cuidados del paciente.

En psiquiatría los diagnósticos no funcionan así. Lo importante son las viabilidades. Padecer un trastorno mental no es tratar los síntomas y ya está. El tratamiento es algo a largo plazo, es decir, se trata de mejorar la resiliencia de forma que la gente pueda manejar su vida a pesar de tener esas vulnerabilidades. También buscar otros objetivos que den significado a su vida. Deben aprender a llevar una vida más allá del diagnóstico.

P. Sugiere que se produce una especie de efecto Pigmalión o profecía autocumplida: a quien se le etiqueta como esquizofrénico queda estigmatizado y comienza a considerarse como tal.

R. Al final, ¿qué idiomas hablamos pacientes y profesionales? ¿El de las enfermedades y discapacidades? Tenemos que buscar un idioma de la vulnerabilidad y la posibilidad. Eso se ha hecho en Japón, una sociedad más sensible. Pidieron a la sección de psiquiatría buscar una palabra que no comunicase enfermedad y mal pronóstico, sino vulnerabilidad y posibilidad de crecer y vivir más allá. Algunos psiquiatras han dicho que ni hablar, que no puede ser que todos tengamos esquizofrenia. El nuevo gobierno ha dicho que quizá tienen razón, que hay que buscar una alternativa. Ha quedado como una especie de “síndrome de integración”, en los ideogramas del japonés de esta palabra hay imágenes de vulnerabilidad y plasticidad, es decir, posibilidad de cambiar.

El cambio también se ha producido en Corea del Sur y Hong Kong, pero el DSM-5 no ha cambiado, aunque lo propusimos, la APA (American Psychological Association) ha dicho que no. LA OMS, que tiene otro sistema de diagnóstico, está debatiendo si van a cambiar y desechar esas palabras que expresan miseria y pesimismo y utilizar otras que son una invitación a la recuperación.

P. Entiendo que depende de la cultura de cada país. Francia, quizá, con una tradición ligada al psicoanálisis, es diferente a Reino Unido...

R. Sí, pero está cambiando. He trabajado en Francia estudiando el psicoanálisis de Lacan, que es muy interesante, pero lo que vi es que lo que le gusta a los psicoanalistas franceses es hablar entre ellos en términos muy intelectuales mientras los pacientes están en el hospital totalmente sobremedicados. La evidencia puede introducirse en todo tipo de cultura: lo que todas tienen en común es que nadie habla con los usuarios de igual a igual, desde un punto de vista democrático, y eso es importante.

P. ¿En qué punto se encuentra España?

R. Tenéis muy buenos profesionales y la gran fuerza de vuestro país en psiquiatría es el sentido de comunidad y el gran vínculo en las familias, algo que también sigue conservando Francia en comparación con Inglaterra, por ejemplo. En Reino Unido el 15% de los jóvenes con psicosis viven con sus padres, en España es un 60-70%. El cuidado de los familiares en España es el mejor de toda Europa, por lo que he podido ver. Esa es la gran fuerza. Eso sí, los servicios no están integrados con el nuevo conocimiento de usuarios y las perspectivas de recuperación, y mientras tanto los familiares son los mayores proveedores de atención psiquiátrica. Hacen un trabajo impresionante.

P. Usted propone que casi todos, de una forma u otra, hemos experimentado pequeños síntomas de esquizofrenia alguna vez, como el espectador de una película de terror que sale del cine y cree ver cosas extrañas en la oscuridad de camino a casa.

R. La pregunta es la siguiente: ¿los trastornos mentales son como la hipertensión, es decir, un valor exagerado en un parámetro biológico que todos tenemos? ¿O son como el Parkinson, una patología de degeneración celular? Científicamente sabemos que la psicosis, la ansiedad y la depresión no son enfermedades cualitativamente diferentes a las experiencias que tiene la población, sino que tienen un solapamiento importante con la función normal. Los trastornos mentales son la exageración de procesos mentales y fisiológicos que todos tenemos. Eso no es algo que diga yo, se ha demostrado con estudios en la población sana.

A corto plazo los antipsicóticos funcionan muy bien, pero a largo plazo la gente tiene que tomar sus propias decisiones

Esa es también la dificultad para los pacientes. Si por ejemplo, están hablando en una fiesta con alguien desconocido y dicen “tengo un poco de fobia o depresión”, la gente lo entiende porque saben qué es tener miedo o un poco de alteración en el humor. Pero si hablan de esquizofrenia, la gente no sabe a qué te estás refiriendo, aunque sea paralelo a lo que le pasa a cualquiera. Por eso explico que la psicosis es dar demasiado significado a lo que estás experimentando a tu alrededor. Hay muchos ejemplos que la gente puede reconocer, pero la palabra “esquizofrenia” no la entienden, porque está asociada con “violencia”.

P. ¿Qué papel juega la medicación en todo esto?

R. Si vas a la evidencia, verás que gran parte de la mejora que puede experimentar alguien que está tratado con antipsicóticos o antidepresivos no es el medicamento en sí, sino el ritual que lo rodea. Es decir, vas a visitar al médico, y quizá por primera vez en tu vida puedas contar lo que tienes en tu cabeza: tus emociones, los traumas que has vivido, los problemas en las relaciones de trabajo… Ese es un factor que hace que la gente mejore. Luego se ha demostrado que, por ejemplo, los antidepresivos sí tienen un pequeño efecto extra. El psicólogo hace algo en apariencia muy técnico, pero la gente mejora por la relación y el ritual.

El problema con la medicación y la psicoterapia es que tienen un efecto biológico. A corto plazo, puede funcionar. El problema es que no tenemos ni idea de qué hace un medicamento a largo plazo. Por ejemplo, sospechamos que una proporción de la gente que consume antipsicóticos sufre un síndrome de suprasensibilidad, se vuelven más sensibles. ¿Por qué no hay más estudios sobre los efectos de tomar medicación a largo plazo? A corto plazo está demostrado que los antipsicóticos funcionan muy bien, pero a largo plazo la gente tiene que tomar sus propias decisiones y deben saber que si quieren, pueden dejar la medicación, pero que es un riesgo porque pueden recaer.

En Noruega se ha introducido ahora por ley la obligación de que la gente pueda elegir entre un tratamiento con medicación o sin medicación, incluso los pacientes con psicosis aguda. Aún no se sabe qué pasará en el resto de países, pero incluso si eres psicótico debes tener derecho a elegir, porque sabemos que la gente también se puede recuperar sin medicación, aunque la probabilidad a corto plazo sea menor. El paciente tiene que participar en el tratamiento, el modelo paternalista no funciona, debes ofrecer 10 alternativas pero él debe ser el que elija.

P. ¿Cómo cree que va a evolucionar la situación en los próximos 10 o 20 años?

R. Va a cambiar completamente. Creo que los psiquiatras y psicólogos no tienen ni idea de lo que va a ocurrir, pero sospecho que gran parte del tratamiento va a realizarse fuera del campo médico, trabajando con usuarios con entrenamiento, con familiares y profesionales, pero no en un sistema de salud mental, porque no está integrado con los servicios de cabecera y servicios sociales que proveen trabajo y alojamiento. Hay que desmantelar los servicios de salud mental e integrar la experiencia de los profesionales dentro del campo de la atención primaria. Eso se llama, según la OMS, el modelo de atención primaria extendida. Y no solo va a ocurrir en psicología, también en otras especialidades.

Vamos a desarrollar un modelo que aumente la resiliencia en lugar de suprimir los síntomas, que ayude a la gente a vivir con estos. Tenemos un problema, que es que los síntomas de salud mental son muy prevalentes, hasta un 20% de personas tienen algún problema a lo largo del año. Por eso necesitas primero un servicio de salud pública para tratar a la gente con un poco de ansiedad, de depresión o de adicción, de forma que no vayan a presentarse masivamente en el médico de cabecera. Nosotros estamos montando una e-community, una comunidad 'online' de gente que ha tenido la misma experiencia que tú y que te ayuda a buscar y elegir lo que va mejor contigo. Ese tipo de tratamiento de salud pública hace que la gente con pequeños problemas visite el sistema de salud mental y los que sufren trastornos severos disponen de la comunidad médica de cabecera.

Quizás entonces ya no necesitemos psiquiatras y psicólogos, sino más personas con experiencia que sepan llevar a cabo ese ritual de curación

La formación de los psiquiatras y psicólogos se va a centrar mucho más en que sean instrumentos de cambio entrenados para llevar a cabo el ritual profesional y de curación, en lugar de aprender conocimientos técnicos para ser aplicados. Ahora pensamos que si haces las cosas técnicas bien, puedes tratar a todo el mundo, pero no es así. Eres el instrumento, y tu experiencia cuenta. Quizás entonces ya no necesitemos psiquiatras y psicólogos, sino más personas con experiencia que sepan llevar a cabo ese ritual de curación mientras el médico de cabecera sea quien te proporcione las medicinas, pero es un enfoque controvertido.

Quizá vamos a tener más médicos psicofarmacólogos que psiquiatras, y quizás vamos a tener psicoterapeutas genéricos que aporten su conocimiento. Será más humano y nos formaremos de manera que utilicemos los instrumentos humanos sin dejar por completo lo técnico (psicofarmacología, psicoterapia). Los usuarios van a ser mucho más activos dentro de los servicios de salud mental.

Fuente: El Confidencial, https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2018-04-25/jim-van-os-psiquiatria_1553835/?utm_source=facebook&utm_medium=social&utm_campaign=BotoneraWeb&fbclid=IwAR1bpYWjZ89atc7tBra8YrYqfaGLFboAC-oDHn8ya-n9eXmtgHnUqDKxAsA

Beatriz Janin presenta: INFANCIAS Y ADOLESCENCIAS PATOLOGIZADAS

¡Nuevo libro! https://www.noveduc.com/l//2030/ 

 

Nuestra tarea hoy debe incluir la defensa de la subjetividad en contra de todo intento de maquinizar al ser humano. En el trabajo con niños, niñas y adolescentes se nos plantea la cuestión ética de sostener un abordaje que los ubique como sujetos deseantes, con historia y con un futuro abierto. La clínica psicoanalítica debe enfrentar los efectos del neoliberalismo, de la tecnología, del abuso sexual, la criminalización de la adolescencia y los nuevos modos de manifestación sexual desde ángulos muy disímiles. ¡No se deben confundir los resultantes de situaciones complejas con un "trastorno" de por vida!

 

Fuente: https://www.facebook.com/librosnoveduc/photos/a.10151542614983265/10157513853838265/?type=3&theater

 

 

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