Reproducimos el artículo de

Fabricio Caivano
Periodista

Fuera del lenguaje solo hay la oscuridad  moral de los animales. Sin las palabras  precisas para decir lo que pensamos o sentimos, somos poco más que una entidad de carne y huesos a merced de las ideas dominantes. Suelo contar un par de ejemplos extremos, pero significativos. Uno visto en un informativo de la tele:  uno de  esos reporteros osados de televisión, impecablemente disfrazado de reportero osado de televisión, le implanta el micro en la boca a un campesino peruano que vaga como un zombi entre los escombros de un reciente terremoto.

 

-¿Qué tiene que declarar?, le interroga el citado reportero.

– Mire usted, caballero. Disculpe que no le conteste pero acabo de perder a mi mujer y mis dos hijitos están aún bajo los escombros de la casa que fuera mi hogar… No tengo aún palabras para este sentimiento tan duro, señor. Le ruego me deje…

Un ejemplo de precisión verbal en la expresión de una emoción que aún busca las palabras que la expresen. Un humano aplastado por el sentimiento, pero dotado de la precisión del verbo para expresar su misma limitación emocional.

El otro también en la televisión, en uno de esos concursos de baile entre jóvenes. El presentador hortera, meticulosamente disfrazado de presentador hortera, le planta el micro a la sudorosa portavoz del grupo que acaba de ser declarada vencedora y, naturalmente, de “entrar en la historia”.

-¿Qué tienes que decir, Vanessa?  La citada señorita, crucifijo en la oreja, anillo plateado en la nariz y tatuajes policromados en los hombros, jadea, emite unos simpáticos bufidos suspira, hipea y dice:

-Siento, siento, una, una,  buff-buff…. (pausa)….una emoción que te cagas!!!  Y se funde en un abrazo con el presentador hortera, que aúlla también su emoción histórica/histérica.

La alexitimia es la incapacidad de expresar verbalmente las emociones o los sentimientos. Suele implicar un empobrecimiento de la vida imaginaria y un recurso compulsivo a la acción para evitar los conflictos. Roba la reflexión y, por lo tanto, invita a la acción y, en el extremo, a la  violencia. Se trata de una epidemia silenciosa que oxida a la infancia y que corroe a los adultos, como una aluminosis moral por insuficiencia verbal. No tenemos palabras, por eso estamos sometidos a la fuerza de unas emociones que, en consecuencia, nos tienen a nosotros. Dicen que es el cáncer cognitivo del siglo XXI. Su vacuna, otra escuela.

 

Fuente: http://lamentable.org/no-tengo-palabras/

 

 

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